Si estuvieras aquì Marilyn conmigo y a mi derecha devolviendo las horas que tomamos de un dìa de lluvia y de espera pero te haz ido de pronto llevàndote mis cuadernos y cerràndome la boca Si estuvieras aquì Marilyn viendo lo que vemos ahora dos marcianos las cabezas enormes señal de inteligencia vienen a enterrar a su muerto su deseo enterrarse bajo tierra se despiden y se marchan hacen cabriolas en el aire nos superan en tecnologìa algùn dìa seremos como ellos los chinos son nuestra esperanza si estuvieras aquì Marilyn conmigo y a corta distancia sabrìas lo de los marcianos sabrìas de mi desconsuelo y del dolor que me producen estos zapatos viejos. Luis Màrquez Prado.
Tantas veces te he querido que sumados hacen uno eso a pesar del rìo camino a tu casa cada vez màs caudaloso por el calentamiento global quizàs tantas veces te he querido con este amor que escribe un poema entero fijado en la pared de la noche gracias a los rayos lasser no importa si mañana sea el dìa en que te recuerde no importa si somos dos por uno y defrente lo que importa es la lìnea recta que nos une la màs corta entre dos puntos hasta que aparezca un sabio que descubra otra aùn màs corta todavìa pero mientras tanto vivamos juntos esta verdad que aùn prevalece y que hace que nuestro amor sea de los màs reconocidos en el mundo tanto te he querido tanto que mi corazòn es visto a contraluz y que me quiebro de continuo en la noche al chocar sin darme cuenta con el punto luminoso llamado pasiòn.
Còmo saber lo que ella espera debajo de la pulsiòn crepuscular debajo de los tersos anillos que Saturno ha deshechado màs allà de las esferas que languidecen desmarcàndose del tiempo ya nos hemos olvidado de las horas de los años sòlo prevalecen los minutos que el pulso de mi amor ya va superando oh las lunas desatadas que en los caminos de noviembre reconocen las horas demoradas y el rincòn oscuro de la primera caricia còmo saber lo que ella conmemora ahora que mi llanto se vende en la feria de agosto ahora que mi Citizen se agita disparando los minutos que mi corazòn repite.
El cielo es negro como la noche me dicen que de día es azul la luna canta como las flores muy pronto se ha de morir yo sueño flor de temblores y harina de otro costal la noche se cubre de día si no te encuentro me perderé yo te espero de sobrenoche ven con las flores de tu jardín si vienes rayando mi sueño ponle cuñas a mi pensamiento yo te aseguro que esta noche tendrás tu tiempo y un firmamento guarda esta llave que es para ti coge la vela y apártate del viento suelta tu voz de leve sonrisa y ponle cruces a mi silencio.
Éramos tres a travez de la noche buscando la cicatriz de la tierra la fiebre nos pisaba los talones y apenas cabíamos en la luna.
Éramos tres descubriendo la noche con un sueño tejido que nos equivocaba y rompía botellas y acomodaba piedras teníamos apenas dos soles y una estrella un dolor rebotando con afán de balcones pero se fue la noche dejándonos tan sólo una pelota blanca y una esperanza rota.
Éramos tres muy lejos de la noche con un vino de amor y de locura con los ojos duros como diamantes pidiéndole rebajas a la luna.
Éramos tres correteando a la noche arrastrándonos junto a un viento seco y sacándole chispas a la vida pero la tierra se movió de pronto y uno se murió y dejó de reirse.
Éramos dos luchando con la noche yo era una guitarra y un carbón masticado y el otro era una sombra que se perdió en la noche.
Éramos tres alumnos aplicados éramos tres dibujando la tierra éramos tres con la columna rota.
Yo tenía un sueño junto a mi memoria con el rumor de la verbena y el color que me faltaba. Mi sueño tenía dos ojos sujetos con imperdibles y habitaba la mañana y encajaba diez palomas. Yo tenía un sueño que era jardín celeste y huracán dibujado, pero era tu amor mi pena y el dolor que me mordía. Mi pena trepaba mi sueño y en mi sueño se apuraba. ¿Dónde guardaré mi llanto si tus ojos guardan la mañana? ¡Dolor de espina, revienta mi llanto!
Cada vez se me hacìa más claro que tendrìa que dejar mi pueblo. El cementerio se me iba haciendo más y más aburrido: ya solo quedaba un tonto afàn por asustar a la gente del pueblo, y eso a muchos les parecìa gracioso. Comencè a preferir mi estancia entre los vivos, al menos podìa jugar al billar con ellos; pero en algùn momento notè que los huesos se me entumecìan, que la lengua se me hacìa pesada. Ya sòlo soltaba monosìlabos alrededor de la mesa y mi nombre comenzò a hacerse extraño, la gente apenas me reconocìa y algunos mostraban abiertamente su desconfianza, como si no fuera parte de ellos. Entonces decidì hacer maletas y marcharme. Pero a dònde iba, no lo sabìa. Màs allà del rìo blanco sòlo encontrè noche y màs noche. Me fui acostumbrando; no era la noche tan incòmoda que digamos, pero pronto la inutilidad de mis ojos me hacìa creer que no los llevaba puestos. Se me hizo un tic el llevarne las manos continuamente a los ojos para ver si aùn los tenìa. Entonces comencè a extrañar mi pueblo, la mesa de billar, hasta que decidì volver; pero mi pueblo ya no estaba. Sòlo escontrè el cementerio..., pero encontrè tambièn un cierto recelo, un rencor, un resentimiento. Les oìa decir que habìa cambiado; como que me ponìa por encima de ellos. Pensè que era vano ir de acà para allà, y decidì quedarme. Ocupè el lugar que me correspondìa y me puse a cantar mis canciones. Pronto me di cuenta que se me toleraba, o quizà se me ignoraba, asì que ahì sentado en un rincòn me puse a recordar lo que alguna vez le dijera a ella: mientras persistas en mi memoria, existirà tu boca. Y ese pensamiento me traìa consuelo; quizà eso era lo que andaba buscando.